martes, 29 de diciembre de 2015

Adiós 2015

A veces tocan años buenos, otras no tanto, algunos son tristes y también llegan años muy buenos ... Para mí el 2015 ha sido un gran año, ¡estoy muy agradecida! Hacía muchos años que no viajaba tanto, romper la monotonía te desconecta de cualquier vicio, y viajar es un buen ejercicio para romperla; te mueve toda la energía, te cambia la perspectiva, luces diferente porque estás en otra sintonía, compartes aire con otras tribus.

Este año también fue iluminador ...
Regresé a la danza a relacionarme con ella sin pretensiones ni con la ansiedad y el infierno de la auto exigencia. Aceptar que es parte mi vida [una muy importante] pero no solo soy por ella y vivo para ella.


2015 jamás olvidaré:

1.- Bailar un homenaje a los Revueltas con orquesta en vivo en tan hermoso teatro, la gran Sala Miguel Covarrubias. Y después de días, seguía volando...

2.- Conocer, cargar y besar al retoño de mi Oso: mi sobrino.
Bajar momentáneamente al noveno piso del infra mundo oscilante que abductó a mi hermano para después regresarlo de vuelta.

3.- Conocer Santiago de Cuba me cambió  la manera de percibir a nuestra raza, descubrí lo pretenciosos que somos los mexicanos y la cultura del clasismo que vestimos en el cotidiano. Jamás olvidaré aquella noche de risas hasta que me dolió la panza, la ligereza que nos hizo volar a las viajeras juntas en cada instante de placer que compartimos, lo bella y sincera que me sentí después de bailar, las calles de La Havana, la primera comida que hicimos en un restaurante de La Havana vieja, nuestra caminata en las calles más pobres acompañadas de las miradas más dulces, ir al baño sin papel higiénico, a la cálida familia que nos hospedó y por supuesto, a mi encantadora esquina frente al paladar El Refugio.  No tengo recuerdos de Tu Kola porque jamás la probé. Solo recuerdo el susto que me contagiaron cuando me comí un mango sin lavar ...

4.- El sol de Madrid, el primer trago de las cañas de La Abuela en Matías Turrión [anestesia pura], y su desgraciada empanada gallega, me pregunto si alguna vez ¿la volveré a comer?  ...  El terrorífico Museo del Prado, pero sobre todo, descubrir la pata invisible de un caballo en un Velázquez. Tres locos se comieron la gran vía en una noche para terminar en el intenseo de un bar con cantaores de flamenco. El sabor de Madrid definitivamente es la grasa que te deja en las encías el jamón serrano. Jamás olvidaré los fugaces romanceos en Mallorca, festejar los 50 años de mi Rou frente a la Sierra Tramontana de Pollença, pero sobre todo, la noche infinita dentro del mar mediterráneo, bajo dos estrellas fugaces en medio de dos adolescentes.

5.- La iluminación suave y arropadora del Centro Cultural Universitario UNACAR en Ciudad del Carmen, Campeche.

6.- Lo amada y esperada que me sentí el primer día que llegué a ver Destiny of Desire en el Arena Stage de Washington DC, después de tres horas encerrada en migración para luego subir a un dudoso taxi que me regaló un pequeño susto de desconfianza como bienvenida a la ciudad políticamente correcta. 

7.- Quedarme dormida sentada en un sake bar de Lower East Side en Nueva York fue "adorable", después de caminar ininterrumpidamente chingomil horas y rematar viendo Sleep No More en Mckittrick Hotel de Chelsea. Y bueno ... ya no pido más, NYC es un mame a mil, uno que ni la pena más amarga te podría permitir rechazarlo.

8.- Ante la falta de seguridad por odiar fervientemente un idioma, responder en francés frente a la tira más salvaje del mundo.... Para días después vagar por ahí como si nada, en el metro de Washington con dos adolescentes llenas de curiosidad por vivir y conocer.

9.- Oh la lá, comer tasajo en el mercado Benito Juárez de Oaxaca y conocer el chingón tesón de los oaxaqueños, motiva y enorgullece.  De los estados, comunidades y diversas tribus sociales que conozco en México,  mi país, veo que Oaxaca es un estado en donde se mira que una verdadera identidad por encima de nuestras debilidades idiosincráticas.

10.- No 'sabía' a qué 'sabía' mi adolescencia familiar, hasta que después de no sé cuántos años regresé a Mérida. Volver a la cafetería Pop cerca del Peón Contreras me trajo un poco de paz para recordar al jefe. Volver a un lugar impregnado en cada esquina de los últimos recuerdos de tu adolescencia, de la mano de tu compañero de vida, te convence de que has crecido y estás lista para desenterrar cualquier recuerdo.

11.- Ver y saber que las arruguitas de mi Abuela respiran como Reinas.


Iluminador fuiste...
En la cocina descubrí la velocidad en la que cualquier práctica disfrutable se puede convertir en frustración por querer hacerla perfección. 

Encontré los ladrillos para construir[me] bajo mis propias expectativas
(aunque complacer esté en mis códigos, anidado en mi sistema como un virus
del cual logro escapar cada que leo lo que encuadré ayer ... )

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